La autonomía de la voluntad


La autonomía de la voluntad

La autonomía de la voluntad es un postulado que, llevado al Derecho Privado, se constituye en su característica fundamental, al extremo que puede ser considerado como el factor determinante para que las situaciones y relaciones jurídicas queden comprendidas en su ámbito, razón por la cual se le denomina también autonomía privada. No ha recibido una noción legal y ello lo hace ser un principio de derecho no escrito, o, si se prefiere, un postulado. Su noción, por ello, es puramente teórica y doctrinaria (Vidal Ramírez, 2019).

Es considerada así, un principio general del derecho. Los principios generales del derecho son conceptos o proposiciones de naturaleza axiológica o técnica, que informan la estructura, la forma de operación y el contenido mismo de las normas, grupos normativos, subconjuntos, conjuntos y del propio Derecho en su totalidad. Pueden ser recogidos o no en la legislación, pero el que no lo estén no óbice para su existencia y funcionamiento (Rubio Correa, 2018).

La autonomía de la voluntad es el poder que tienen las personas para que, con su manifestación de voluntad, en el ámbito de libertad que les confiere el ordenamiento jurídico, puedan darse normas para sí mismas con el fin de regular sus intereses en el campo de las relaciones económicas-sociales, con la consiguiente responsabilidad que se derive de sus actuaciones (Torres Vásquez, 2018).

El ejercicio de esta libertad viene ser la autonomía de la voluntad que vincula a los sujetos en sus relaciones jurídicas. Es por eso, que podemos decir que la autonomía de la voluntad es libertad y fuerza vinculante al mismo tiempo, al poder esta voluntad libremente manifestada, crear, regular, modificar o extinguir relaciones jurídicas.

El poder de la autonomía de la voluntad debe ser ejercido dentro de los límites señalados por el ordenamiento jurídico. Tales límites se encuentran establecidos por el orden público.

El orden público es el conjunto de principios que se encargan de regular el funcionamiento de la sociedad en un tiempo y lugar determinado. Incluyen principios de tipo social, económico, moral, etc. No debe realizarse una equiparación entre dicho concepto y el de “orden” entendido en el sentido de paz pública o aquella situación en la que la situación de un espacio se encuentra en estado de quietud o calma. Además, teniendo en cuenta la definición debe quedar claro que el concepto de orden público no es un concepto estático, sino que el mismo variará de sociedad en sociedad y dentro de una misma sociedad a lo largo del tiempo, por ello es necesario tener una concepción dinámica del mismo (Diccionario Civil, 2013).

Respecto a esta relación que existe entre la autonomía de la voluntad y el orden público, el Código Civil, en el artículo V del Título Preliminar, señala lo siguiente:

“Es nulo el acto jurídico contrario a las leyes que interesan al orden público o a las buenas costumbres”.

Como podemos observar, en nuestro ordenamiento jurídico prevalece el orden público sobre la autonomía de la voluntad, declarando al acto jurídico nulo, si su contenido le es contrario. Por ejemplo, en materia contractual, las partes pueden determinar libremente el contenido del contrato, siempre que no sea contrario a las normas legales de carácter imperativo, esto es, del orden público.

Asimismo, en nuestra Constitución Política del Perú, en el apartado a) del inc. 24, del artículo 2, se señala que, nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda ni impedido de hacer lo que ella no prohíbe. De ahí el axioma jurídico que refleja y traduce esta finalidad medular en términos positivos que, todo está permitido, salvo aquello que prohíba expresamente el ordenamiento jurídico que atente contra el orden público En ese sentido, es necesario que el orden público sea precisado en las normas jurídicas y que cuando estás son prohibitivas estén expresamente señaladas en nuestro ordenamiento jurídico.

En conclusión, la autonomía de la voluntad se erige como un principio general del derecho, siendo la libertad y la fuerza vinculante sus características esenciales, que permiten a los sujetos darse normas para si mismos con el fin de regular sus intereses, teniendo como límite el orden público.

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